En una década marcada por flujos migratorios dinámicos, el sistema escolar chileno enfrenta el reto de integrar a miles de estudiantes con diversas variantes lingüísticas y contextos culturales. El Instituto Milenio MISTRALL ha asumido un rol protagónico en este escenario, desarrollando el modelo de «Literacidad Intercultural Transformativa», una estrategia que busca convertir la diversidad de la sala de clases en un activo de aprendizaje en lugar de un obstáculo.
Superando la «Barrera del Dialecto»
El equipo multidisciplinario de MISTRALL, con expertos en sociolingüística de la Universidad Diego Portales y psicólogos de la Universidad de los Andes, ha documentado que el choque de variantes del español (entre el chileno y otras variantes latinoamericanas) puede generar una «inhibición lingüística» en los estudiantes migrantes. Para combatir esto, el instituto ha creado guías pedagógicas que valoran la riqueza del vocabulario migrante, integrándolo en las clases de lenguaje.
«La literacidad transformativa implica que el estudiante no tiene que abandonar su identidad para aprender; debe sumar herramientas para navegar en el contexto local», señala la Dra. Lucía Morales, investigadora de MISTRALL en temas de diversidad. El programa ha logrado reducir la deserción escolar en comunidades migrantes en un 15% en los últimos dos años, fomentando un clima escolar donde la comunicación se basa en el respeto a la diferencia.
Políticas Públicas para una Nación Plural
Hacia el cierre de 2026, el impacto de MISTRALL en las políticas públicas es evidente. El instituto ha asesorado al Ministerio de Educación en la creación de pruebas de diagnóstico que no penalizan el uso de regionalismos, siempre que se cumplan los objetivos de coherencia y cohesión. Además, economistas de la red han demostrado que una integración exitosa de los hijos de migrantes al sistema educativo es la clave para la sostenibilidad del sistema de pensiones y la fuerza laboral del futuro.
Este reportaje final concluye que el trabajo de MISTRALL es, en esencia, un trabajo de construcción nacional. Al asegurar que cada niño en Chile, sin importar su origen, pueda leer, comprender y transformar su realidad, el instituto está sentando las bases de una democracia más robusta, resiliente y preparada para los desafíos del siglo XXI. La literacidad, bajo este lente, es el pegamento social que mantiene unida a una nación diversa y en constante cambio.



